Formación y ventas
Blog de TRANS Formación
Ideas para formar en ventas, liderazgo y servicio al cliente
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Tema: Formación
Al final de los cursos de formación presencial se suelen escuchar a algunos formadores frases del tipo: “Bueno, no tenemos tiempo para realizar el plan de acción”. O “el plan de acción os lo dejo como deber domiciliario”.
O se le dedican 4 minutos escasos, con el participante pensando más en el final de la jornada y en no perder el vuelo de vuelta a casa, que en cómo va a poner en práctica lo aprendido. O simplemente se ignora el último apartado donde sí figura la actividad Plan de Acción.
El concretar por escrito lo que el participante se compromete a llevar a la práctica como consecuencia de lo aprendido, es un medio vital para conseguir uno de los objetivos últimos de la formación: la transferencia.
¿Por qué, si a priori se piensa que es una pieza importante de la formación, después, en la realidad de las acciones presenciales, se le dedica poco o nada de tiempo?
Veamos algunas razones, o más bien excusas, que pueden explicar esta aparente contradicción entre lo que se piensa y planifica en formación y lo que finalmente se hace.
Falso. Los buenos vendedores saben que pedir el negocio al final de la entrevista de venta incrementa la posibilidad de conseguir la venta.
El plan de acción de un curso de formación podríamos equipararlo al cierre de ventas con un cliente o prescriptor: no cierro la venta en ese momento, pero incremento la posibilidad de conseguir mi objetivo en el futuro.
“Que escriban sus buenos propósitos no significa que los lleven a la práctica», objetaría el formador remiso. Es cierto. Pero también es cierto que si el participante se compromete con alguien –el formador, un colega, el grupo, su jefe o él mismo- a hacer algo, ese compromiso incrementa la posibilidad de que, al menos, lo intente.
Falso. Además de que ayuda al propio participante a sintetizar las ideas clave del curso y a proponerse cambios, el plan de acción es una valiosa herramienta de coaching de ventas para el mando directo a partir del día siguiente del curso.
Debería ser falso. Muchos formadores consideran que su objetivo es el desarrollo de nuevos conocimientos, actitudes y habilidades. Si el participante, después de haber asistido a su magnífica exposición, sigue haciendo exactamente lo mismo que hacía el día anterior, no es cosa suya. La transferencia de la formación es responsabilidad del participante o de su jefe. Su trabajó terminó con la exposición de contenidos.
No debería ser así.
El formador (¿y todo educador?) debería entender su trabajo, no como el de un mero expositor de ideas, sino como el de un facilitador de procesos de cambio. Y en ese proceso un buen Plan de Acción es un poderoso nexo entre el aula y la realidad.
Falso. Esta es seguramente una de las excusas más habituales para que el plan de acción no se realice.
Esa falta de tiempo suele ser consecuencia sobre todo de la incapacidad del propio formador para:
Es parte de la profesionalidad del formador el lograr que haya tiempo, suficiente y de calidad, para realizar una de las actividades más importantes de la sesión, el plan de acción.
Bueno, aquí puedo estar de acuerdo, pero no me vale como excusa. Sí que suele ser más fácil hablar de algo de lo que a priori se sabe más que los participantes, que comprometerlos a que lo pongan en práctica.
Es la misma razón por la que algunos vendedores prefieren no cerrar la venta. A algunos formadores les cuesta presionar a los participantes a que se comprometan por escrito a hacer algo que, en principio, lo más cómodo es no hacerlo.
En definitiva, no se intenta, por inseguridad, por evitar una situación incómoda o porque no se sabe cómo hacerlo.
El plan de acción, individual y/o en grupo, no asegura, pero es un factor que incrementa la posibilidad de responsabilidad personal, de puesta en práctica y de transferencia de lo aprendido al puesto de trabajo.
Y de paso, proporciona un medio y una oportunidad para que el mando, tanto hayan buenos como con malos resultados, realice coaching con su colaborador.
Por sólo esas dos razones el Plan de acción, al final de una acción de formación, debería asumirse como una parte esencial del trabajo del formador, para lo que éste deberá encontrar el momento y la técnica adecuada para realizarlo.
Autor: Equipo TRANS Formación.
Artículo publicado originalmente por Miguel Ángel Génova y actualizado por el equipo TRANS Formación.
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¡Basta de excusas! Comprométase con lo que pueda cambiar y olvídese del ...