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Los cursos que mal empiezan y bien
acaban
Tengo un amigo que, hace unos días, me hizo reflexionar
sobre la paradoja de disfrutar trabajando. Yo disfruto mucho, ciertamente,
porque día tras día tengo ante mi un nuevo desafío.
Si me lo permitís os cuento uno de ellos.
Autor: Nuria López Cama. Consultora
de e-learning
En ocasiones, ejerciendo como dinamizadora, consultora
o monitora, se me encomienda una acción formativa que ha
sido convenida desde la dirección de la empresa y que, en
ningún momento, los participantes involucrados han solicitado.
El reto consiste en conseguir implicar a estos participantes
y que el grado de satisfacción y aprovechamiento del
curso resulte excelente para ellos y, consecuentemente, para la
dirección.
Veamos, por ejemplo, ilustrada, la situación
en un curso presencial:
Entramos en una aula presencial para impartir
un curso de, por ejemplo, Derecho Mercantil a empleados de una entidad
financiera. Nosotros estamos de pie en el centro de la sala y ellos
están sentados en una mesa en forma de "u", clavando
sus ojos en nosotros.
La puntualidad no es una de sus principales
virtudes. A medida que empezamos la presentación van apareciendo
nuevos participantes, que, además de llegar tarde, hacen
mucho ruido y nos obligan a interrumpir continuamente nuestro discurso.
Mientras hablamos, y durante el turno de
presentaciones, podemos ver reflejadas ya cada una de las versiones
de participante:
El
que opina que el curso solo va a ser una "perdida de tiempo",
acude con actitud enojada y piensa "Tengo cosas más
importantes que hacer."
El que acude al curso
porque "hay que cumplir", sino el jefe se enfada, y te
dice "¿Dónde hay que firmar para que quede constancia
de mi asistencia?"
El que asiste al curso
porque es mejor que estar en la oficina y le comenta a un compañero
"¿Me pasas el periódico?"
El que te da un voto
de confianza y piensa "Veamos que me cuenta."
El que confunde el
curso con un reencuentro social y murmura "Hola Mari Pili,
¿sabes? Me he comprado un piso..."
Todos escuchan con una pregunta en su mente
que no pueden reprimir. Apenas ha finalizado la presentación
del curso, en la primera oportunidad, en el primer turno de preguntas,
la formulan sin más dilación... "¿A qué
hora termina el curso?".
No nos pararemos
a analizar el porqué hemos llegado hasta esta situación.
Es decir, por qué se imparte un curso que no despierta, inicialmente,
el interés de los participantes. Eso será motivo de
otro Newsletter. Intentemos tan solo descubrir las estrategias que
deberemos seguir para que, al finalizar el curso, todos los participantes,
o la gran mayoría de ellos (no seamos tan ambiciosos), se
sientan satisfechos por haber acudido.
En mi opinión,
todas las estrategias que pongamos en práctica pasan por
buscar la APLICABILIDAD del curso a la realidad profesional
e, incluso, personal de los participantes. De modo que, si tenemos
la fortuna de conocer, antes de iniciar el curso, el perfil "real"
de los participantes, es decir: sus inquietudes y motivaciones,
su realidad diaria y las problemáticas a las que se enfrentan,
podremos diseñar, al menos, las actividades ADAPTADAS
a sus circunstancias particulares y presentarlas con unos OBJETIVOS
que cautiven a los participantes.
Pero no siempre somos
tan afortunados, ¿verdad? En ocasiones, es imposible conocer
a los participantes antes de iniciar la acción formativa.
(¿Porqué? Lo dejamos también aplazado para
otro Artículo). Y aquí es donde empieza el verdadero
reto del que os hablaba.
El éxito o fracaso
de una acción formativa de estas características se
decide en las dos primeras horas del curso, si es presencial, y
en las primeras semanas, si es a distancia, así que, para
superar este reto, tendremos que volcar gran parte de nuestra energía
en esta primera parte del curso.
Pondremos
todos nuestros sentidos en alerta máxima y nos concentraremos
en ESCUCHAR y OBSERVAR
a los participantes.
Simultáneamente
deberemos REFORMULAR
las actividades programadas para
adaptarlas a las necesidades percibidas.
Presentaremos
estas actividades ensalzando
sus OBJETIVOS y recalcando su APLICABILIDAD.
Finalizaremos
cada una de ellas reconociendo
lo que hemos APRENDIDO y para qué nos será
ÚTIL.
Si, transcurridas estas
dos primeras horas críticas, se olvidan del descanso del
desayuno, podemos empezar a respirar tranquilos y si, cuando sugerimos
"Vamos a hacer una pausa", alguien comenta "No, espera,
mejor terminamos este caso", tenemos una gran probabilidad
de que el curso sea un ÉXITO.
Es humano, en situaciones
como la antes descrita, tener la tentación de responder abiertamente
"El curso termina YA", pero es mejor tomárselo
como un reto. Son acciones formativas en las que terminas agotado
pero, también, muy satisfecho. Al fin y al cabo reconozco
que si yo me encontrara en su misma situación actuaría
del mismo modo. ¿Adivináis que versión de participante
sería la mía?
Núria López Cama
Consultora de e-learning.
sobre el artículo.

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