¿Formación Presencial o e-Learning?
La respuesta correcta a esta pregunta en la mayoría de los
casos es:
buena Formación Presencial y/o buen e-Learning
Pero, ¿qué es "buena
formación presencial" o qué es un "buen
sistema de e-learning"?
A pesar de que para estas preguntas seguramente no
hay respuestas absolutas, válidas para todos los casos, todas
las empresas o todos los objetivos de formación, intentamos
aportar aquí algunas ideas respecto a qué sistema
de formación adoptar en qué situaciones.
Cuándo e-Learning
¿En su organización ocurre alguna vez que objetivos
de formación, aunque importantes, deben postergarse o dejarse
de lado por alguna de las siguientes razones?:
...es imposible interrumpir
el trabajo para hacer formación.
...el colectivo es
demasiado numeroso.
...los costes de desplazamientos
resultan excesivos.
...existe poca disposición
a asistir a un seminario presencial.
...no hay tiempo suficiente
para abarcar todo el colectivo.
...la información
a transmitir cambia permanentemente.
...existe demasiada
heterogeneidad en el colectivo.
...es difícil
valorar exactamente el grado de aprendizaje.
Estas son algunas de las razones que justifican la realización
de acciones de formación a distancia o e-Learning.
Cuándo Formación
Presencial
La formación
presencial aporta la comunicación cara a cara entre
participantes y formador que difícilmente se creen en el
mejor sistema e-learning.
Muchas veces la mejor
vía para conseguir los objetivos de la formación
es que el participante vea, escuche, interrumpa,
dude, interactúe...
en definitiva, "viva y sienta" el proceso de
formación
en un grado difícil de conseguir a la distancia o en
un sistema asíncrono.
Y lo anterior es
especialmente cierto respecto a las llamadas
soft skills,
habilidades que no se sostienen tanto en la
posesión de
un conocimiento específico, como en una actitud
o un conjunto de
sentimientos y de creencias. Sería el caso,
por ejemplo, de la
habilidad para motivar a la acción a un
interlocutor o para
vender una idea a un grupo o para
obtener una información
de un cliente remiso a transmitirla.
En estos casos, la
interacción directa, cara a cara,
condicionada y dirigida
adecuadamente por el formador es el
mejor escenario para
adquirir, practicar y anclar esas
actitudes y habilidades
objetivo.
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