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No tengo tiempo
"No
tengo tiempo, pero no me arrepiento, ser como el viento no es una
maldición y las canciones las compongo caminando, entonces
algunos versos se me van."
Autor: Núria López Cama-
Consultora de e-learning
Este es el principio de una canción de
Andrés Calamaro denominada "No tengo tiempo", aunque
yo ya la había escuchado, mucho antes que él la interpretara,
en boca de muchos de los participantes en cursos a distancia.
¿Por qué cuando encerramos a los
participantes en un aula durante uno o dos, e incluso tres, días
completos, se produce una inmersión en la materia del curso
que hace que los asistentes olviden, o casi, todas las preocupaciones
y temas pendientes que les esperan encima la mesa de su despacho
y, en cambio, cuando les convocamos a un
curso a distancia, pocos de ellos tienen la disciplina de
marcarse un horario de estudio y, en general, no cumplen el calendario
previsto argumentando "No tengo tiempo"?
Creo que todos estaréis de acuerdo conmigo
que la falta de tiempo es un
mal endémico de este milenio. No es algo que afecte tan solo
a un curso a distancia sino a todos los aspectos de nuestra vida.
Los alumnos no solo utilizan esta excusa conmigo, su tutora en el
curso, porque tampoco tienen tiempo de ir al gimnasio, de pasear
en bici, de leer un buen libro, de cocinar, para dejar de fumar,
para hacer dieta...
He leído todos los estudios científicos
que tratan de los movimientos de la tierra y del sol y no he logrado
encontrar ninguno que indique que el día se acorta con el
paso de los años o siglos. El día tiene las mismas
24 horas en el siglo XXI. Entonces es que ¿nos falta tiempo
o que gestionamos mal nuestro tiempo?
Si analizamos una jornada cualquiera, probablemente,
concluiríamos que pasamos más del 80% del tiempo que
estamos despiertos trabajando, hablando de trabajo o pensando en
el trabajo. Hemos perdido el hábito de "relajarnos"
y la consecuencia es que estamos anhelando que llegue el fin de
semana, las fiestas, y, nunca mejor dicho, las vacaciones, para
poder librarnos del estrés del trabajo.
Las empresas americanas, pioneras
en combatir el estrés,
incentivan el tiempo de ocio, a lo largo de la jornada laboral,
con actividades organizadas por la propia empresa. Por ejemplo,
algunas empresas construyen instalaciones deportivas como, gimnasios,
pistas de squash o paddel dentro de su mismo recinto para uso y
disfrute de sus empleados. Cuando uno hace ejercicio el cuerpo produce
una sustancia que induce a la relajación, parecida a la que
se produce cuando uno se está quedando medio dormido. O por
ejemplo, algunas empresas ponen a disposición de los trabajadores
un comedor de empresa en el que los alimentos que se ofrecen propician
una dieta equilibrada. Muchas veces, cuando la persona pasa por
un período de estrés tiende a comer de forma inadecuada.
Cuando le pedimos a un empleado que realice un
curso presencial lo percibe,
en general, como una jornada de liberación "¡No
tendré que ir a trabajar!" en la que podrá relajarse
compartiendo experiencias con sus compañeros. Cuando inscribimos
a un empleado en un curso a distancia
lo percibe, en general, como un añadido a la carga de trabajo
que ya tiene.
¿Por qué?
Primero porque, en muy
pocas empresas, se ha conseguido formar una verdadera "comunidad
virtual". Es decir, que los empleados perciban que, al conectarse
al campus virtual en el que realizarán la formación,
encontrarán un espacio de comunicación con sus compañeros
que les puede proporcionar la misma sensación de "liberación"
y "relajación".
Y, segundo, porque normalmente
las empresas no dejan absolutamente claro en que momento se debe
realizar la acción formativa. Puede quedar más o menos
implícito que debe realizarse en horario laboral, pero luego
el día a día, o tu superior, te indica "...sí,
puedes hacer el curso cuando termines con todo lo demás...".
Como "todo lo demás" lo terminarás a las
ocho de la tarde, con un poco de suerte, cuando accedas al curso,
si tienes mucha voluntad, tu mente no estará en su mejor
momento y tu novio/a o tu marido/mujer o tus hijos te estarán
esperando en casa para cenar.
Revisemos con detenimiento
el tiempo de conexión
de los participantes a un curso a distancia, analicemos cuándo
se conectan y que actividades realizan. Será mucho más
interesante que tirar cohetes cuando hay un porcentaje de finalizados
del 70-80%.
Nuria López Cama
Cconsultora de e-learning
sobre el artículo.

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